Alergia o fiebre del heno

Alergia o fiebre del heno

Foto: M. Capllonch

Alergia o fiebre del heno

La fiebre del heno es el nombre con que se conoce comúnmente la alergia al polen. Se trata de una inflamación de la mucosa nasal, que se produce al inspirar el polen que se encuentra en el aire. Esta alergia puede ser provocada por las plantas más diversas, pero sobre todo por las gramíneas. Una persona puede ser alérgica al polen del abedul y otra a las hierbas. Los síntomas de la enfermedad son picores, hinchazón y secreción mucosa de la nariz, los ojos, el paladar y la faringe, poco después del contacto con el tipo de polen que provoca la alergia. Con mucha frecuencia también va acompañada de estornudos fuertes y, en casos extremos, de auténticos ataques de asma. En ocasiones aparece urticaria y fiebre.

La época peor para los afectados por la fiebre del heno es la primavera ya que hay mucho polen suspendido en el aire.

El polen y los cambios de humedad y temperatura agravan las alergias respiratorias, la rinitis y el asma, así como la conjuntivitis que en esta época del año suelen ser más frecuentes.

Para prevenirlo fortalece tu cuerpo con un buen descanso, hazte lavados de nariz con agua de mar al menos una vez a la semana para mantener las fosas nasales limpias, lleva siempre una chaqueta porque aunque parezca verano en cualquier momento puede cambiar el tiempo, y más que nunca mantén tu casa libre de polvo.

Infusión antialérgica:

Ortiga menor– Se pone una cucharadita de ortiga menor por taza, se añade agua hirviendo, se deja reposar medio minuto y se cuela. Se recomienda beber a sorbos hasta cuatro tazas de infusión al día.

Toma más alimentos con vitamina C (combaten el asma y otros trastornos pulmonares). Magnesio ( ayuda a prevenir los espasmos asfixiantes de un ataque de asma). También puedes tomar manganeso, un oligoelemento que mejora los síntomas del asma de origen alérgico.

Aumenta tu energía vital. El cuerpo tiene un grado de energía vital, es decir, capacidad particular de autocuración, y éste varía según el día, las vivencias emocionales, la alimentación y el estilo de vida.

La primavera es una de las épocas del año en la que más puede disminuir. Para mantener el nivel de energía lo más alto posible, hay que trabajar todos los aspectos de la vida que nos debilitan, ya sean cosas internas o externas, y plantearse metas para solucionarlas de la manera más realista, pacífica y amorosa. A medida que estas cosas dejen de ser un problema, tu cuerpo estará más fuerte para afrontar cualquier enfermedad.

Con este régimen de salud del Dr. Manuel Lezaeta se pueden prevenir y curar las enfermedades.

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